viernes, 24 de abril de 2015

Camino de la cruz en una calle de Texcoco reflexión de un misionero


Viernes 10 de la mañana, inicia la procesión. Niños y niñas con pequeños gorros acompañando a sus mamás en aquella calle cercana a la vía. Los jóvenes con vestuarios a usanza de los romanos dramatizaban la primera estación del viacrucis.
Los que estaban expectantes eran pocos, otros más miraban pasar los automóviles. Las voces de los actores se escuchaban gracias a un sistema de sonido colocado en la parte trasera de una camioneta. Los seminaristas que dirigían invitaban a las personas a rezar el padre nuestro y la oración después de hacer la reflexión de la primera estación. Conforme pasaban los minutos las estaciones se iban dramatizando y reflexionando. La invitación a rezar el padrenuestro seguía escuchándose por parte de los que dirigían esa devoción de cuaresma. Más personas se unían al avanzar entre aquella calle cercana a la Universidad Chapingo. 

Algunos conductores bajaban la velocidad al pasar enfrente de la gente que acompañaba al Jesús cargando la cruz de madera. Otros más sacaban sus cámaras para guardar una prueba de lo que sus ojos miraban. Después comentaban con los acompañantes sobre dicho suceso. Yo mismo antes de salir de la casa donde estoy de misión tomé la cámara fotográfica y la de video con la intención de guardar un recuerdo de ese día. Me detuve unos instantes y pensé que todos los años lo hacía y por hacerlo no saboreaba ni vivía el momento. Vino a mi mente esa frase tan sonada en las redes sociales: “los mejores momentos se guardan en el corazón”. Dejé las cámaras en su lugar y tomé la estola, el cíngulo y mi alba y me los puse al hombro. Tenía la intención de guardar aquel suceso en mi corazón y buscar reflexionar con la dramatización del camino de la cruz. Otros automovilistas no disminuían su velocidad y pasaban como si tuvieran miedo de que aquellas personas reunidas en un viernes santo, no fueran a ser de los que hacen manifestaciones y desmanes. Otras personas salían de sus cuartos y se asomaban por la terraza, por las ventanas y otros más se asomaban por las puertas a mirar lo que hacíamos en esa mañana. Las personas tienen diferente perspectiva, unos se quedaban hasta que pasaba la procesión, otros no le daban importancia y se escondían en sus refugios. Ya estábamos llegando a la quinta estación cuando el cirineo ayuda a Jesús a cargar la Cruz. Enfrente un lugar donde vendían carnitas de puerco. El establecimiento ocupaba parte de la banqueta y estaba dando servicio. En el interior varias personas comiendo, al parecer no les importaba que fuera viernes de ayuno o de cuaresma. Quizá no eran cristianos católicos o quizá sí pero su religión la viven a su modo. El seminarista reflexionaba con voz fuerte ese momento de encuentro entre el Cirineo y Jesucristo. Los comensales ni se inmutaron, seguían platicando y devorando los tacos con carne de puerco. Daban un sorbo a sus bebidas para poder tragar el bocado de comida que se atoraba en sus bocas. La reflexión y el rezo había terminado pero aquellas personas siguieron comiendo. Lo que pasaba en ese momento por esa calle de Texcoco no era algo común, era algo que solamente se hace una vez al año pero a aquellos que comían no les interesó. Ya estábamos enfrente de una gasolinera. Los trabajadores estaban recargados en una de las bombas mirando las escenas que pasaban enfrente de ellos. Todos en silencio, bueno, casi todos, uno de ellos hablaba a sus compañeros con risas y señalamientos. Su sonrisa denotaba algo que no podría describir. Sus compañeros no le prestaban atención y sus ojos estaban enganchados con las escenas de la calle. El compañero hablador no dejaba de mirar a un lado y a otro queriendo desencantar a sus compañeros pero ninguno le hizo caso. Sus risas subían de tono y otras personas pudieron darse cuenta de sus actos. La luz del semáforo se puso en verde y comenzamos a caminar. Dejamos a aquel mirón con sus risas y comentarios. Llegamos a la iglesia donde terminamos las estaciones para después reflexionar las siete palabras. Yo ese día había reflexionado algo más en aquella calle de Texcoco donde pude ver y presenciar lo que es el camino de la cruz para aquellos que no se avergonzaron de manifestar su fe.


Hasta la próxima. 










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